La osteopatía puede ser muy beneficiosa en esguinces, ya que con una adecuada manipulación de la zona afectada se puede acelerar el proceso de restablecimiento. La manera típica de “curar” un esguince es vendar y dejar reposar la lesión, pero un reposo absoluto tampoco es saludable para el paciente. Por este motivo, es bueno ponerse en manos de un osteópata después de padecer este tipo de problema.
El esguince es una lesión frecuente en personas que practican deporte a diario o puede ser la consecuencia de un accidente de la vida cotidiana. La causa más común de esta lesión es la torcedura o el estiramiento violento de una articulación por encima de los límites de su capacidad normal. Por este motivo, los ligamentos que unen el músculo con el hueso se ven afectados, dando lugar a una posible distensión, un estiramiento o un desgarro, según el grado.
La mayoría de los esguinces se sufren en el tobillo y en la muñeca al apoyar en mal ángulo el pie o la mano. Lós síntomas son dolor, inflamación e incapacidad de mover la zona afectada.
Se distinguen dos tipos de lesión: los esguinces benignos donde sólo hay una distensión de los ligamentos y los graves donde los ligamentos se han roto.
Primeramente, se debe aliviar el dolor y reducir la inflamación, es recomendable aplicar compresas frías o hielo para ayudar en este primer momento después de sufrir un esguince.
Después, es necesario inmovilizar la zona afectada con una vena compresiva y elevar el pie por encima del nivel del corazón para favorecer la circulación, la reducción de la inflamación y que haya un drenaje adecuado.
Posteriormente, la osteopatía se encargará de devolver la movilidad a la articulación para una rápida absorción del edema, además de realizarse relajación de los ligamentos afectados y drenaje para facilitar la bajada de la lesión. Las técnicas osteopáticas son efectivas y nada dolorosas, y ayudan a que la recuperación sea más rápida que simplemente dejando el pie en reposo.
Foto: Perliux




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