Esta planta, familia del anís y del hinojo, se emplea como tónico digestivo, como remedio para despertar el apetito y hasta para condimentar guisos y pasteles.
La alcaravea pertenece a la familia de las umbelíferas, como el comino, el anís o el hinojo, crece en prados húmedos y destaca por sus beneficios sobre la salud. Se considera carminativa, antiflautulenta, antiséptica y antiespasmódica.
Se utiliza como tónico digestivo, para estimular el apetito y, sobre todo, para evitar los gases, el mal sabor de boca y el mal aliento. Sus semillas (molidas) se pueden tomar solas o con yogur: media charada de café, después de las comidas.
Puede usarse también para infecciones en la piel, como remedio para limpiar y cicatrizar las heridas y quemaduras. Como solución para hongos, se mezcla con pao d’arco, tomillo y cola de caballo (tres cuharaditas) y se hierve en medio litro de agua, durante 5 minutos.
Por último, la alcaravea puede ser también una esencia relajante. De sus semillas se extrae un aceite esencial muy apreciado en aromaterapia. Por eso, su olor dulce y penetrante puede utilizarse como relajante en baños y masajes.
Imagen: zorachubby




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